Miércoles, 20 Abril 2016 14:19

Científico chileno descubre nueva especie de raya para el mundo

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Biólogo marino chileno forma parte del equipo internacional de investigadores, que publicó hallazgo en prestigiosa revista científica.

Un nuevo descubrimiento de nivel mundial sacudió el conocimiento sobre los peces cartilaginosos. Se trata de una nueva especie de raya, capturada en aguas profundas del océano Pacífico. En el hallazgo participó el biólogo marino, experto en tiburones y rayas (condrictios o peces cartilaginosos), Francisco Concha, académico de la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales de la Universidad de Valparaíso, quien —además— cursa un doctorado en la Universidad de Connecticut, Estados Unidos.

El científico chileno lideró la publicación del descubrimiento junto a los investigadores Douglas Long y David Ebert, ambos de la Academia de Ciencias de California, Estados Unidos. Éste último de reconocida trayectoria en el campo de los condrictios (ha logrado identificar más de una veintena de nuevos tipos de tiburón desconocidos hasta hace poco años) y fue uno de los primeros en darse cuenta de que el hallazgo podría tratarse de algo nuevo.

Capacidad de adaptación

El científico chileno destaca la relevante contribución de la especie para el desarrollo de los océanos y la investigación.

“Las rayas son un grupo de peces que presentan oportunidades únicas para el estudio de la evolución y patrones de diversificación de los elasmobranquios, que también incluye a los tiburones. La forma en que han respondido a los diversos cambios de la Tierra, desde antes de la existencia de los dinosaurios, nos da pistas para entender cómo se ha desarrollado la vida en el océano”, explica.

El biólogo marino continúa subrayando las interesantes estrategias de sobrevivencia de las rayas.

“Hay especies ovíparas y vivíparas, costeras y de aguas profundas, viven en aguas cálidas del Caribe o bajo el hielo en los polos. La variedad de su distribución geográfica sólo se compara con la diversidad de sus especies. Algunas se alimentan de peces, otras de invertebrados, hay especialistas en moluscos y otras que usan golpes eléctricos para aturdir a sus presas. Realmente son un grupo increíble”, destaca.

Tal como lo relata el académico, todo comenzó hace algunos años cuando capturan el primer espécimen macho, a mil 200 metros de profundidad, frente a las costas del Ecuador, en un crucero científico organizado por el gobierno de ese país. En este ejemplar los científicos notaron algo inusual: en su cola se observaban grandes espinas, pero nadie pudo identificarlo. En la misma expedición científica, pero en aguas de Costa Rica y Panamá, fueron encontradas, a una profundidad de mil 400 metros, tres hembras con idénticas características en sus colas.

Trabajo en equipo

El doctor Dave Ebert después de un buen tiempo revisando documentos disponibles y comparando las fotos con su propia base de datos, tampoco pudo identificar al ejemplar macho. Por eso buscó ayuda en el hemisferio sur, y es así como se comunicó con Francisco Concha, quien cuenta con una importante trayectoria en el estudio de peces cartilaginosos (en la UV como director del Laboratorio de Condrictios y ahora en Connecticut en el departamento de Ecología y Biología Evolutiva) para preguntar su opinión sobre este raro ejemplar.

“Yo quedé sorprendido por el aspecto de la cola de esta raya. Nunca había visto una raya con ese tipo de espinas. Juntando observaciones y después de varias discusiones, llegamos a la conclusión de que se trataba de una nueva especie para el mundo”, sostiene.

Francisco Concha relata que las tres hembras llegaron posteriormente al Museo de la Academia de Ciencias de California y fueron mantenidas ahí por el doctor Douglas Long, importante taxónomo de condrictios.

“Así que después de unos cuantos años y varios viajes y discusiones, logramos tener en un mismo lugar al macho que sería el holotipo, de Ecuador, y a estas tres hembras de Centroamérica, que serían los paratipos de esta nueva especie”, detalla.

Los científicos tras diversos estudios determinaron que los ejemplares corresponden a una variedad de la familia Arhynchobatidae y del género Notoraja.

Importancia del hallazgo

Siguiendo las palabras de Concha, la importancia del hallazgo radica en que el género Notoraja contaba con 11 especies descritas hasta antes de que la raya de púas fuera descubierta. De ellas, 10 se distribuían en los alrededores de Australia (Indo-Pacífico Oriental y Pacífico Occidental) y una en Japón.

“Haber descubierto una nueva especie de ese género, pero al lado opuesto del Pacífico es algo muy interesante. Los organismos se van agrupando a nivel filogenético de acuerdo a relaciones de parentesco y ancestría. En este caso, existiría un ancestro común que dio origen a estas 12 especies de Notoraja, y el proceso evolutivo que hasta la fecha nos permite distinguirlas, nos lleva a ver los resultados de un proceso de radiación muy particular y que es la prueba de que la fauna del Pacífico sudamericano puede estar emparentada con la que existe en el Indo-Pacífico o en Pacífico Occidental”, argumenta.

Francisco Concha explica que el pariente más cercano de la raya de púas, como comúnmente se le denomina, está cerca de Tasmania.

“Este patrón de diversificación se ha visto con otros grupos de rayas, pero recién estamos armando las piezas de un rompecabezas que esperamos nos lleve a explicar de mejor manera los procesos que llevaron a especies ancestrales a convertirse en las que tenemos actualmente y cómo ellas se han ido repartiendo por los diferentes océanos junto con los cambios que ha experimentado el mundo a nivel geológico. Todo está conectado”, advierte.

Hermanos genéticos

Los tiburones y rayas tienen un ancestro común, por lo que son grupos que divergieron hace millones de año, dando origen a los que conocemos hoy en día.

“A pesar de que por fuera se ven distintos, hay tiburones con forma de raya y rayas con forma de tiburón. Su anatomía interna es prácticamente idéntica. Se podría decir que las rayas son tiburones planos”, advierte.

Potencial económico

En Europa y en Asia existe un mercado para la carne de rayas. De hecho, en Chile se ha explotado la raya Volantín desde las últimas décadas, pero debido a su sobreexplotación se ha tenido que establecer una veda biológica que ha estado vigente desde hace algunos años. El total de estas rayas eran exportadas, por eso el público general en Chile no sabe que existen pesquerías dirigidas a estos peces.

“Lamentablemente se puso en riesgo una especie cuyos beneficios ni siquiera eran aprovechados plenamente en el país. No somos un país muy abierto al consumo de peces menos tradicionales. En general no probamos cosas nuevas. El potencial económico podría ser alto, pero antes de volver a explotarlas es necesario hacer una evaluación profunda de las especies que podrían ser utilizadas en el futuro. Los análisis de viabilidad poblacional son una buena herramienta para plantear distintos escenarios de explotación y deberían ser más fomentados en Chile”, propone.

El descubrimiento fue publicado en la última edición de la revista Zootaxa.

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